lunes, diciembre 28, 2009

Humo

Lucho por estudiar lo que debería, pero el tiempo se me escapa por unas rendijas que no consigo localizar. Me siento en una silla y por mi cabeza desfilan cientos y miles de películas, canciones o piezas teatrales fugaces a la par de inútiles, ya que ni siquiera dejan un rastro provechoso que luego me permita venir aquí y plasmar la obra del siglo. El tiempo se evapora y no logro retenerlo. Es como el humo en los pulmones, lo retienes un rato, pero al final... un tosido y te das cuenta que lo has perdido todo de golpe.
Pues así ha sido mí tarde. Empezó bien, un ajedrez con mi padre y luego a estudiar. Ese era el plan (muy bonito como todo plan. Infalible) Pero de repente la realidad se cruzo como un conejo ante los faros del coche y destrozo el plan (durante la escritura de esta entrada prometo que ningún conejo sufrió daños). El ajedrez si llego a convertirse en un fragmento de realidad, pero después de ahí, no se como, el rato del estudio se me escurrió entre los dedos y ¡puf!. Me han dado las 12:30 y aquí estoy. Y los libros cerraditos. Me ha recordado mucho a la típica noche loca en la que a las 12 miras el reloj, levantas la vista y lanzas al mundo tu gran proclama: "una cerveza y me piro" y cuando te quieres dar cuenta estas intentando razonar porque no puedes abrir el portal con la llave de tu casa. Pues eso.

Mañana va a ser un gran día. Prometo sellar mi culo a modo ventosa en la silla de la biblioteca que me acoja y no moverme de hay hasta que haya tenido por lo menos 4 de esas maravillosas conexiones neuronales que tienes mientras estudias filosofía. 4 maravillosos relámpagos en los que lo ves todo claro, para después pasarte un rato intentando recordar que era eso que tan claro acababas de ver.

Prometo gravarme esta frase a fuego en mi mente:
NO DES TIEMPO AL TIEMPO, ÉL NUNCA VA A DARTE UN RATO MÁS

viernes, diciembre 25, 2009

Resultados de cuando el desamor te impulsa a escribir

Ya llego la navidad, y se llevo la alegria. Odio la falsa felicidad, las sonrisas de cuanto me alegro de verte y los felices fiestas escupidos entre dientes. He dejado de creer en los regalos en fechas de terminadas y en las llamadas de recordatorio. No creo en dios, y últimamente me siento muy hipócrita en estas fiestas. Me doy asco por participar de un juego que no comparto. Me doy asco por criticar estas cosas y no acordarme de los amigos a los que llevo sin ver meses hasta que llegan estas "fiestas de invierno".
Tanto me da un nombre que otro, discutir por eso solo les vale a los políticos para que nos centremos en tonterías superfluas mientras que por el culo nos están metiendo una manguera y van a conseguir que nos ahoguemos en nuestra propia mierda (aunque ahora esta nos invada en forma de CO2). La cumbre de Copenhague me impulsa un paso más hacia el pesimismo. La ruleta rusa a la que jugamos cada vez esta más interesante. Cada cumbre que fracasa ponemos una bala más en el tambor. Darle vueltas cada vez nos sube un poco más los cojones. Por mucho que mi vestuario se aleje de la ropa de etiqueta, tengo la sensación de llevar un tiempo sin quitarme la pajarita. Vivimos esperando un pum, venga este de la tierra, de los cielos o de los deshielos. El tiempo se acaba y yo aquí escribiendo. Me siento mal, pero cuando encima me cruzo con alguien y felicito las fiestas me siento un hipócrita. ¿Como felicitar unas fiestas cuando la falta de acuerdo político cada vez nos acerca más a que nuestros nietos no las vean?
Desde que estoy en filosofía me fascina la capacidad de mis compañeros para culpar a las "masas" de los problemas del mundo. Pensé que filosofía me iba a dar una forma más amplia de ver el mundo, pero parece que al resto la mayor parte de las veces les eleva por encima del resto de los mortales (salvando excepciones obviamente). Muchas veces he reflexionado sobre esto últimamente, ¿realmente nos podemos considerar por encima de la masa, o sencillamente somos peores que ellos por el hecho de considerarnos mejores? Yo sinceramente carezco de la capacidad de verme elevado por encima de alguien, es más, desde que estudio me veo mas enfangado en la mierda que critico, no hay más que ver la hipocresía que me invade en estos días navideños, lanzando felicitaciones cual puñaladas a diestro y siniestro.

Es digno de ver lo que un problema amoroso impulsa en una cabeza ¿verdad? Las blancas navidades se transforman en dolores de cabeza. Las felicitaciones en tiritas que tapan disgustos, angustias y lamentos. El desencanto de la vida se multiplica y lo eleva hasta exponentes muy superiores a los deseados. ¿Para cuando una asignatura que nos enseñe que mujeres no nos interesan? ¿Para cuando un traductor universal, de su lenguaje al mío? Últimamente me rio cuando amigos me dicen que los filósofos estudiando pensamos demasiado. Me rió yo de lo que me hace pensar Parménides al lado de una intriga amorosa. Que se embarquen en amores complicados y ya verán como la filosofía al lado del pensamiento rosa no tiene parangón.
Y así, con cabezas rubias flotando en mis más amargos sueños y alegrándome mis más dulces pesadillas intento ponerme a estudiar, y mira donde me traen. Escuchando a Vetusta Morla(traicioné a Jota porque en periodos melancólicos o me impulsa al llanto o al homicidio con premeditación y alevosía) intento engañar a mi mente y ponerle espantapájaros que la distraigan y así poder alcanzar un breve instante de concentración que me acerque a los apuntes, pero la cosa pinta mal hoy. Vapores verdes gritan por empapar mi cabeza y un chupito de un Jack´s Daniel, ahora mismo idealizado, pugna por acercarse a mi boca. Si algo aprendí después de tantos años repitiendo es que hay no hallaré la solución, pero como dice aquella canción: "...las secuelas de los viejos tiempos estarán conmigo el resto de mi vida" aunque en este caso no sean más que en formas de pensamientos que tengo que espantar de vez en cuando.

Por cierto, tras pasar por el jurado del tiempo, y traicionándome a mi mismo al final plasme alguno de aquellos poemas difusos e indefinidos que pasaban por mi mente. Los atrapé y los viole eliminándoles cualquier rasgo de aquel idealismo de paisajes verdes asturianos que tenían pero al final, parafraseando a Kase-o:"cogi un boli y desvirgue un cuaderno", y esto salio. Benevolencia por favor.

El silencio,
disfrazado de compañía,
se reconforto en mi regazo.
La soledad, maquillada de multitud,
invadió mi vida.
Ahí,
en un páramo de silencio
repleto de soledad,
se estrella mi vida
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Escupiendo tinta
se nos escapa la vida
cuando, curiosamente,
pensamos inmortalizarla

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lunes, diciembre 07, 2009

La fecundidad hecha palabra

Aprovechando que estoy frente al ordenador voy a pasar algún escrito que anda perdido por mis cuadernos. Perdido entre multitud de apuntes y de estupideces varias, así relleno esto y le doy a mi primo la posibilidad de no tener que andar hurgando por las entradas viejas buscando algo no leído(aunque tampoco es que haya mucho donde buscar).
La entrada es del 30-11-2009 y decía así:

"Hoy ha caído en mis manos, a parte de un montón de comida basura, un libro de unas mil paginas que hablaba de los avances filosóficos y científicos del siglo XX. Ver que un libro considera igual de importantes los avances filosóficos y científicos hizo volar a mi ilusión (puede que este estudiando algo de provecho!). Sorprendente conocer la figura de un tal Santayana, hasta hoy desconocido para mi. Fascinante Chomsky.

Me maravillo de lo que no se y de mi capacidad para perder el tiempo, como si disfrutase rebozándome por mi ignorancia (tan acogedora ella).

Busco la melodía en mi mente para escribir algo, si no ya productivo, por lo menos evocativo o entretenido. Me alegraría que tan solo se alejase un poco del fango en el que se hunde mi mente cuando tengo un boli en la mano.

Hablando de evocaciones, el traqueteo del tren me trae una serie de recuerdos de lo más dispares a la cabeza al tiempo que hace que escribir siguiendo la línea sea la mar de complicado. Mecido así cierro los ojos y me acerco a la melodía. El movimiento por lo menos ya esta presente, solo falta el punto(las palabras) atravesando ese movimiento para crear el sonido, a imitación de la aguja recorriendo el surco del vinilo. Poemas inconcretos de amor o muerte asaltan mi cabeza, pero ni tan siquiera me planteo cogerlos. Solo acabaría con mi autoestima verlos en un papel, seguro que, tristemente, no serian más que una naturaleza muerta, mientras que al abrigo de mi mente son fértiles valles asturianos, repletos de vacas y sidreros.
Amor o muerte como única alternativa posible. Darme cuenta de lo limitado de mi repertorio me asusta. Podría también tratar de hablar de vida pero...!diablos!, ya lo estoy haciendo.¿Que es la vida más que el amor y la muerte? Una vida sin amor no me la imagino, por tanto hablando de él hablo de ella. En realidad, hablando de él hablo de todo. Y cuando ya no se pueda hablar de él, todo se habrá acabado, ya estaríamos en el territorio de la fría señora de la guadaña.

¿Amor y muerte? Amor o muerte. No se de que me quejo, en esa horquilla esta todo lo hablable. Tengo todo el campo de la vida a mis pies, solo deseo pisarla con cariño y que cada nueva incursión a ese terreno sea fecunda. Dalí se imaginaria a si mismo en esta imagen con dos falos por pies y a cada paso que diese se hundirían estos en los infinitos labios que forman el suelo que pisa. Y con cada pisotón, una boca seria fecundada y un universo de palabras saldrian a sus espaldas.

Esta es la estela que espero dejar en mi vida. Palabras fecundas. Poco más podemos esperar dejar en este mundo.

Mucho (me temo) esperamos dejar en este mundo."

"Nunca discutas con un idiota. La gente podria no notar la diferencia"

Acabo de llegar con Uma de paseo y rebuscando por la estantería del salón me encuentro un libro con un titulo de lo más llamativo: "el que no lea este libro es un imbecil". Ante lo sorprendente del asunto cogi el libro y me puse a ojearlo con ilusión, ya que como no lo había leído me podía considerar a mi mismo un imbecil de pleno derecho y por tanto tal vez tenia el elixir de la inteligencia en mis manos. Que desilusión en cambio me produjo abrirlo al azar por una de sus paginas y encontrarme con la siguiente aseveración:"el estúpido lucha por la vida, el inteligente por la cena".

Para intentar ser una crítica a la estupidez me parece una frase un tanto desafortunada. Considerar que alguien inteligente solo se preocuparía por la cena provocaría que nos echásemos las manos al bolsillo a buscar la pistola con la que abrirnos el tercer ojo en busca de una luz que nos sacase de la oscuridad en la que andaríamos perdidos. Yo invertiría la frase sin ningún tipo de duda, además se amolda mucho mejor a la realidad. Así va el mundo, por culpa de tantos imbeciles que solo luchan por su cena. Es más, ¿podría siquiera considerarse que nosotros nos salvamos de esta lucha? o por el contrario, ¿podría considerarme a mi más estupido que al resto al pensar que estoy a salvo de esa lucha prioritaria por la cena? Siguiendo explorando por el libro encontré otra cita que vino a calmar los interrogantes y a hundirme en el fango de nuevo:"La estupidez, si la conoces, pasas como máximo a un nivel más refinado de imbecilidad". Y así, convencido de no estar más que en un nivel distinto de estupidez, me baje a comer.