Dicen que el tiempo es un gran examinador. EL protagonista de Fresas Salvajes bien lo sueña. Un hombre a punto de recibir un premio a toda su carrera como profesor e investigador soñándose examinado por su profesor de primaría. Titubeos al hablar, sudor frío, y miradas desconfiadas hacía los compañeros. A Bergman solo puede aplaudírsele.
Bueno, estábamos hablando del tiempo como examinador, y ello viene a raíz de haber estado releyendo algunas entradas del blog. ¿Egocentrismo? ¿Perdida de tiempo? Podría justificarlo de mil maneras, así que no lo haré de ninguna: se acabaron los apósitos morales. Lo leído me ha gustado y me ha disgustado. Leo y de repente me preocupo: "¿Podré volver a escribir algo parecido? ¿Con esa gracia y ese salero?" Esta pregunta me asalta y me molesta. Me molesta que me asalte, quiero decir. Los paraísos perdidos de Borges y Milton están muy bien para viejos ciegos, pero con veintitrés años la pregunta adquiere unos tintes románticos vomitivos.
A veces me ocurre, al igual que a Isaac Borg(protagonista de Fresas Salvajes), que miro atrás y pienso que no sé nada. Trato de examinarme mentalmente y no puedo ni tan siquiera dar respuestas a mis preguntas. Una vocecilla consoladora se atreve a aventurar:"¿Será que te buscas las cosquillas?" Falso consuelo, pero lo acaricio y me place. Vuelve la dificultad de examinarse a la liza. Vuelve la genialidad de Bergman a la liza. ¿Acaso en algún momento se había ido? Si, claro. No consigo vivir despierto todo el día. A veces venzo a la pereza, pero la mayor parte del tiempo ella es la que usa de mi ocio convirtiéndolo en improductivo. Desde hace un tiempo lucho porque el trabajo de mi vida sea este: Hacer mi ocio productivo. Esta entrada es un ejemplo. La falta de continuación, el peso del hábito.
Bueno, estábamos hablando del tiempo como examinador, y ello viene a raíz de haber estado releyendo algunas entradas del blog. ¿Egocentrismo? ¿Perdida de tiempo? Podría justificarlo de mil maneras, así que no lo haré de ninguna: se acabaron los apósitos morales. Lo leído me ha gustado y me ha disgustado. Leo y de repente me preocupo: "¿Podré volver a escribir algo parecido? ¿Con esa gracia y ese salero?" Esta pregunta me asalta y me molesta. Me molesta que me asalte, quiero decir. Los paraísos perdidos de Borges y Milton están muy bien para viejos ciegos, pero con veintitrés años la pregunta adquiere unos tintes románticos vomitivos.
A veces me ocurre, al igual que a Isaac Borg(protagonista de Fresas Salvajes), que miro atrás y pienso que no sé nada. Trato de examinarme mentalmente y no puedo ni tan siquiera dar respuestas a mis preguntas. Una vocecilla consoladora se atreve a aventurar:"¿Será que te buscas las cosquillas?" Falso consuelo, pero lo acaricio y me place. Vuelve la dificultad de examinarse a la liza. Vuelve la genialidad de Bergman a la liza. ¿Acaso en algún momento se había ido? Si, claro. No consigo vivir despierto todo el día. A veces venzo a la pereza, pero la mayor parte del tiempo ella es la que usa de mi ocio convirtiéndolo en improductivo. Desde hace un tiempo lucho porque el trabajo de mi vida sea este: Hacer mi ocio productivo. Esta entrada es un ejemplo. La falta de continuación, el peso del hábito.
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