He viajado poco a lo largo de mi vida. Y, aunque haya vivido un par de años alejado de casa, nunca la lejanía fue sentida. Ni tan siquiera con el traslado a Copenhague sentí el vértigo de la distancia. Todo sucedió de manera muy natural, sin problemas. En mi caso esto equivale a decir, irrazonada, o por decirlo en palabras de mi tiíta Mari Reyes: "Este chiquillo se tira y luego piensa si será capaz de parar".
Y así llegue hasta hoy, en que, de repente, fui atacado por una clase de nostalgia sobre la que nunca había oído hablas, sobre la que no hay nada escrito. Yo la llamo "el olor a jersey lavado por mama". Está nueva clase de morriña ataca en bibliotecas (hasta ahora es el único lugar en el que se ha registrado el caso) cuando el jersey decide ponerse un humano, y no al revés, hay está uno de los primeros indicios. Una vez puesto, envía a la nariz del humano en cuestión ese olor a suavizante planchado. Y una vez ahí, se desató en mi, que no en el jersey, todo un proceso mental que me llevó desde la cuna hasta presente, siempre con la imagen de mi madre sobreimpresa en el fondo del decorado.
No puedo describir mejor la sensación, solo sé que pasado el shock, me percaté de haber estado oliendo el jersey repetidas veces por un lapso de tiempo que no recuerdo con exactitud, maldiciéndome por ello ya que cada vez que lo hacía era plenamente consciente de que me estaba habituando a ese olor, asesinando así su magia, su poder de emulación.
Y así llegue hasta hoy, en que, de repente, fui atacado por una clase de nostalgia sobre la que nunca había oído hablas, sobre la que no hay nada escrito. Yo la llamo "el olor a jersey lavado por mama". Está nueva clase de morriña ataca en bibliotecas (hasta ahora es el único lugar en el que se ha registrado el caso) cuando el jersey decide ponerse un humano, y no al revés, hay está uno de los primeros indicios. Una vez puesto, envía a la nariz del humano en cuestión ese olor a suavizante planchado. Y una vez ahí, se desató en mi, que no en el jersey, todo un proceso mental que me llevó desde la cuna hasta presente, siempre con la imagen de mi madre sobreimpresa en el fondo del decorado.
No puedo describir mejor la sensación, solo sé que pasado el shock, me percaté de haber estado oliendo el jersey repetidas veces por un lapso de tiempo que no recuerdo con exactitud, maldiciéndome por ello ya que cada vez que lo hacía era plenamente consciente de que me estaba habituando a ese olor, asesinando así su magia, su poder de emulación.
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home