domingo, septiembre 11, 2011

Fillipo

Encontrarse en un nuevo lugar siempre hace que nos encontremos ante situaciones extrañas. Nuevas relaciones nacen en marcos de incertidumbre, bajo la certeza de la inseguridad y la fecha de caducidad. Pero he de reconocer que yo me he visto envuelto en una relación que se me ha ido de las manos. Me percaté de ello cuando diez daneses vociferantes se dirigían a mi al grito de: "¡Fillipo!, hit the ball!". Lo reconozco, tarde en reaccionar, y recordar el porqué de mi nuevo nombre. Ya he dicho que nuevos lugares dan lugar a situaciones extrañas, y en la que yo me vi sumergido era la siguiente: Hube de jugar un partido de fútbol haciéndome pasar por un italiano, cuya ficha estaba en los archivos del club, pese a que nadie recuerde su existencia. Ahora hay un nuevo Fillipo, y no sé porque intuyo que ese nombre se va a quedar adherido a mi imagen en el mundillo futbolístico danés. La única lastima es que cuando yo meta un gol, la gloria se la llevarán los italianos. Considérenlo un agradecimiento por la pasta, ilustre manjar, gran sustento del estudiante (empleando en este caso el término estudiante como sinónimo de analfabeto culinario).
Por otro lado, la experiencia ha sido maravillosa. Encontrar debajo de la capa de educación y cultura que recubre a los daneses al animal futbolístico que llevan dentro. Al fin de la primera parte ya pronunciaban con desparpajo un "arbitro, cabrón". Y es que el fútbol es universal, sin palabras puedes entenderte, moverte y formar parte del equipo. El pase del gol, con el que ganamos 1-0, avala mi teoría. El fútbol debería sustituir, pues, al esperanto.
Poco más me ha enseñado Copenhague desde la última vez. La lectura de "El ser y la nada" en ingles me tiene retenido en casa. No he sido, si nos atenemos al "esse est percipi". Razón tiene Rober, Una filosofía excesivamente trágica, no sirve para mucho, pero cuando se convierte en literatura da buenos resultados.