Aquí las cebollas también hacen llorar. Pequeñas cosas te desvelan del sueño dogmático de que todo cambio de localización, de que todo viaje espacial, va a hacer que el mundo cambie por completo a tu alrededor. Tu cabeza juega contigo los primeros días, cambiándote y modificándote la percepción, hasta que la costumbre, la rutina vuelve a ponerlo a todo en su sitio. ¿Desencanto? No valoro, sencillamente percibo el cambio. La calle ya no asusta. El super vuelve a ser un lugar rutinario, después de jugar durante unos días a ser un laberinto. La cajera ya no es la cancerbera que fue en su día, ninguna esfinge me espera a ala puerta para bloquearme el paso con una pregunta embarazosa.
Copenhague ha recuperado una sonrisa que ni siquiera sabía que tenía. Ahora pasea alegre entre viandantes y biciclistas, un ratito a pie, y un ratito en bici. Ya no tratando de pasear desapercibida, una vez perdido el pánico de que algún agente externo se acercase a ella para dirigirle la palabra. Es más, ahora de entre la sonrisa salen palabras, preguntas y de vez en cuando algún diente. Ahora, esta sonrisa pasea por sus calles, ya no es caminada por ellas. La sonrisa ya no tiene miedo de otra sonrisa, ya no se oculta, solícita, dirigiéndose a los zapatos. Trata de ser el estandarte que un día fue en tierra patrio (Patria: "la patria no tiene nada que ver con ideologías, con posturas políticas. La patria es volver con tus padres, con tu familia. El verdadero amor a la patria, es el viaje de Odiseo de vuelta a Ítaca, a los brazos de Helena." Don Pablo García Castillo).
Si se puede sacar alguna conclusión de estos días es que sí, que Goya tenía razón, que los sueños de la Razón producen monstruos, y que sí, que tenemos que empezar nuestro ataque a la razón tal como Diógenes se meaba en el ágora.
Copenhague ha recuperado una sonrisa que ni siquiera sabía que tenía. Ahora pasea alegre entre viandantes y biciclistas, un ratito a pie, y un ratito en bici. Ya no tratando de pasear desapercibida, una vez perdido el pánico de que algún agente externo se acercase a ella para dirigirle la palabra. Es más, ahora de entre la sonrisa salen palabras, preguntas y de vez en cuando algún diente. Ahora, esta sonrisa pasea por sus calles, ya no es caminada por ellas. La sonrisa ya no tiene miedo de otra sonrisa, ya no se oculta, solícita, dirigiéndose a los zapatos. Trata de ser el estandarte que un día fue en tierra patrio (Patria: "la patria no tiene nada que ver con ideologías, con posturas políticas. La patria es volver con tus padres, con tu familia. El verdadero amor a la patria, es el viaje de Odiseo de vuelta a Ítaca, a los brazos de Helena." Don Pablo García Castillo).
Si se puede sacar alguna conclusión de estos días es que sí, que Goya tenía razón, que los sueños de la Razón producen monstruos, y que sí, que tenemos que empezar nuestro ataque a la razón tal como Diógenes se meaba en el ágora.
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