Partos y disgustos
Hoy ayude a traer a Sócrates a este mundo.
5 minutos después había muerto.
Sócrates fue un “xatu” que nació esta tarde después de un gran revuelo y alboroto. Corrimos prao arriba. Corrimos prao abajo. La futura madre, y actual vaca en luto, no veía bien la presencia de cuatro extraños vociferantes a su alrededor. Demasiado follón para un momento así, supongo.
Todo acabo en una cuadra oscura. Con un instrumental propio (y muy digno) de cualquier museo de tortura que se precie. Con los mismo cuatro vociferadores, ya sudorosos, tratando de tumbar a la vaca en el suelo para facilitar la tarea. Éramos nosotros contra la natura, contra una primeriza superada por su carga. El resultado de la batalla es ya de sobra conocido. Tuve tiempo a bautizarlo, con un muy poco original Sócrates, pero trabajando de "mayeútico" supongo yo que este nombre es el primero en la lista. Me acorde de su madre, y solo las cuestiones de su sexo le evitaron llamarse, fugazmente, Fenareta.
Con el trajín habitual en estas situaciones, un tío pronostico su muerte nada más caer el “xatu” al suelo. Otros nos aferramos a sus débiles latidos, como quien abraza en medio de la tormenta un paraguas desvencijado por las corrientes. Otra vez gano el jodido pesimismo. De nada sirvió que el optimismo, abanderado por los dos más jóvenes de la cuadra, tratasen de movilizarle las extremidades y refregarle el pecho, tratando en vano de meter la vida donde no la había. De donde se estaba escapando.
Solo el golpe seco de la cabeza contra el suelo, recubierto de cucho y mugre, nos abrió los ojos. Solo una lengua chupando la mierda de sus congéneres, obviamente más afortunados que él, nos hizo ver que las cosas igual que vienen se va.
Solo pude sonreir, otra vez los sofistas tienen el paso libre. Empieza de nuvo la batalla.
Y esta es la historia señor, ya se que a usted no le interesa.
5 minutos después había muerto.
Sócrates fue un “xatu” que nació esta tarde después de un gran revuelo y alboroto. Corrimos prao arriba. Corrimos prao abajo. La futura madre, y actual vaca en luto, no veía bien la presencia de cuatro extraños vociferantes a su alrededor. Demasiado follón para un momento así, supongo.
Todo acabo en una cuadra oscura. Con un instrumental propio (y muy digno) de cualquier museo de tortura que se precie. Con los mismo cuatro vociferadores, ya sudorosos, tratando de tumbar a la vaca en el suelo para facilitar la tarea. Éramos nosotros contra la natura, contra una primeriza superada por su carga. El resultado de la batalla es ya de sobra conocido. Tuve tiempo a bautizarlo, con un muy poco original Sócrates, pero trabajando de "mayeútico" supongo yo que este nombre es el primero en la lista. Me acorde de su madre, y solo las cuestiones de su sexo le evitaron llamarse, fugazmente, Fenareta.
Con el trajín habitual en estas situaciones, un tío pronostico su muerte nada más caer el “xatu” al suelo. Otros nos aferramos a sus débiles latidos, como quien abraza en medio de la tormenta un paraguas desvencijado por las corrientes. Otra vez gano el jodido pesimismo. De nada sirvió que el optimismo, abanderado por los dos más jóvenes de la cuadra, tratasen de movilizarle las extremidades y refregarle el pecho, tratando en vano de meter la vida donde no la había. De donde se estaba escapando.
Solo el golpe seco de la cabeza contra el suelo, recubierto de cucho y mugre, nos abrió los ojos. Solo una lengua chupando la mierda de sus congéneres, obviamente más afortunados que él, nos hizo ver que las cosas igual que vienen se va.
Solo pude sonreir, otra vez los sofistas tienen el paso libre. Empieza de nuvo la batalla.
Y esta es la historia señor, ya se que a usted no le interesa.
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