domingo, mayo 23, 2010

De bares con Bukowski

Ayer te conocí. Estaba sentado en la barra del bar cuando te sentaste a mi lado. “un escocés con agua” pediste. Tu voz delataba que ya demasiados hermanos de este habían seguido el mismo camino. Me lanzaste una mirada de soslayo que no pareció revelar nada de interés en mi figura. Seria eso o que los hielos crujiendo indicaban que empezaba otro día, y atraían toda tu atención. Empezar para acabar, supongo, pero esa era tu historia. Mi cerveza se me empezaba a representar como un juego de niños al lado de tu vaso. Parecías un rey Midas versión etílica. Todo lo que pasase por tus manos acababa convertido en ese alcohol que lo único que tenia de glamuroso era su color dorado, reflejo de épocas pasadas. El bar mugriento solo proporcionaba bebidas mugrientas en vasos mugrientos. Las gotas que brillaban en tu bigote, me resultaron al punto mágicas y podres.

Me lanzaste otra mirada de resbalón. “Eres demasiado joven para estar emponzoñándote en un bar”. “Y tu demasiado grande” le dije. Me miro y sonrió. Me extraño profundamente que de esa sonrisa no cayesen lágrimas. “Esto me hizo grande”, dijo tintineando los hielos. Me pareció tratar de estar engañándose a si mismo. Pero, visto desde aquí, me parece que fue una impresión errónea. Nadie como tú se esta engañando ya. Eres demasiado miserable para perder tu propio tiempo haciendo de tu vida una farsa. El tintineo de lo hielos no era más que la señal de un mano temblorosa.

Me empezaste a hablar de los viejos tiempos. Me resulto obvio, no tienes futuro por delante. Me hablo de casas de putas, de enanos que se cortan las pelotas y de peleas por un par de pavos y por un patriotismo puesto en tela de juicio. Historias remojadas en el filtro de tu memoria. Me encantaron tus saltos presente –pasado, y tu advertencia de que te importaba una mierda si me molestaban.

Apatrida eres. La única patria que tienes se derretía lentamente en el culo del vaso. Nunca volverás a pertenecer a ningún lugar. Más ahora, en estos tiempos en que el hielo se nos escapa de las manos y se acerca a ponernos el agua al cuello. Tú estás a salvo del agua. Estuviste a punto de ganarte la nacionalidad escocesa, pero siempre la negaste. Eso implicaría que bebes por algo, y tú hace años que no haces nada por nada. Escribías, si, pero supongo que era porque no te suponía más esfuerzo que el de vomitar todo el alcohol que te sobraba. Vomitabas las historias, como las que a mi me contabas acodado en lo más hondo de tu memoria. Memoria imaginativa supongo. Imaginación liquida, fraguada en licores y otros horrores. Fermentada en barras y retretes. Envejecida en tabernas de mala muerte y derramada en una garganta ajada y gris, como dice otro gran amigo de la buena vida.

Tu paladar entablaba una lucha encarnizada con tu lengua a cada palabra que pronunciabas. No quería dejar que siguieses hablando, parecía querer azuzarte para que tu brazo siguiese recorriendo la parábola perfecta que hacia acabar el güisqui en tu boca. Carne desgarrada que ansiaba más desgarrones. Dolor carnal como aspirina para ese dolor que decías que te destrozaba por dentro. “Dolores que no puedes imaginar” me decía. “Ojala pudiera desterrarme de mi mismo, no sentirme”. Un trago largo y “lléname esto camarero. Dame un licor amargo que rasque tanto que me mate. Y que no sea tan lentamente que esto empieza a durar demasiado. Demasiado sentido me queda y demasiado hay que buscar al fondo de esta botella. Aunque en el fondo -de mí- ya no busco nada en el fondo -de ella-” me dijiste. “Ten cuidado” le dije. “A veces nada significa nada”. Reíste y me miraste. Busqué a través del agujero de tu boca donde estaba el roto que tratabas de taponar. Ví el vacío y me asusté. “Me alegra que no la busques. Jamás encontraras el vacío, lo tienes demasiado al fondo.” Tu mueca pareció indicarme que ya de antemano sabias que era también demasiado grande.

Mi cerveza transmuto en güisqui y tu güisqui en más güisqui. La papelera nos estaba contando como una vez un borracho le tiro su cartera harto de beberse los billetes. Tú la mirabas con parsimonia, ojos fijos en ella, mientras que yo no acababa de entender que mierda estaba pasando allí. “No me toques los cojones y deja de escandalizarte” me espetaste, tratando que me bajase de la mesa. “¿No te conté la historia de los enanos? Pues no me jodas y toma asiento”. La ruta etílica duro lo que dura un paseo por el parque. No uno de los bonitos. Uno por un parque igual a la zona del lago del de Isabel la católica. Lleno de cagadas de pájaros y olor a decrepitud. “Así es mi vida” dijiste. Y volviste a sonreír.

Ahora fui yo el que lloré. Yo puse las lágrimas a tu sonrisa. Como tú pones la risa en tus miserias.

Te levantaste y te despediste con un gesto de cabeza. “¿Cual es tu nombre?” pregunté. “Mientras buscaba mujer me lo olvide. Cosas que le pasan a un viejo indecente”. Tu figura recortada en la puerta es la foto perfecta que nunca sacaré.


P.D.: “por cierto...me doy cuenta de que cambio de presente a pasado, y si no te gusta… métete un pezón por el escroto." Solo por esto, te has ganado esta entrada y mi devoción. La proxima a tu salud.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Vaya par de borrachos nouvelle vague que estabais hechos... A mí también me tocó alguna conversación intempestiva con gente que en aquella época me pareció interesante. Ahora tiendo a verlos como garrapatas ávidas del único público sensible a su labia derrotista, los románticos inexpertos.

(Yo venga a buscarte las cosquillas y tú venga a no contestar)

3:08 p. m.  
Blogger Daniel said...

Disculpe mi anónimo lector(también llamado primo mio, hijo de Enrique y Rosi, hermano de María y así sucesivamente). Tengo una tendencia natural al despiste. Entro en mi blog, leo tus comentarios, me alegra sobremanera que alguien se digne no solo a perder su tiempo leyendo, si no también firmando y añadiendo puntillas(que no cosquillas) altamente acertadas y recomendadas.

Gracias a usted ya no podré volver a ver a maese Bob con la misma cara, ni meteme en mi cama antes de escribir 2(el cero me lo comí)hojas en estado de duermevela a ver que sale.

Me haces escribir. Gracias.

4:05 p. m.  

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