Instruciones para recordar recuerdos.
Estoy adaptándome a una nueva y estúpida costumbre que he adquirido en un momento no determinado. Siendo consciente de la memoria de pez que me caracteriza, últimamente trato de ponerme a prueba todo lo posible y estoy desarrollando nuevas técnicas. Advierto que: saber donde deje las llaves de casa, a que día de la semana estamos y cuanto tiempo lleva cociendo algo en el fuego es algo que hace años deje por imposible, así que no pienso destinar a ello más esfuerzo que el de lamentarme cuando: se me paso una cita en el médico, se me paso el arroz o cuando tengo que esperar pacientemente en el portal ver la sonrisa de mi compañero doblando la esquina y me pregunta sin un ápice de ironía en su voz:"hace fresquito, no?". El cabrón.
Eso es algo a lo que me he adaptado y asimilado por el bien común. Ahora he decidido volcar todos mis esfuerzos en abrir libros ya leídos por una página al azar y tratar de situarme y adivinar por donde vamos de la historia y que va a pasar. Los resultados son sorprendentes. Con “Rojo y negro” fue muy agradable. Inmediatamente situé el amorío en el que en ese momento se hallaba inmerso Julián Sorel, de cual venia y cual le mataría. Con “El guardián entre el centeno” llegó el susto. “¿He leído este libro?” estuve pensando con todo mi mundo tambaleándose por la duda. "Piensa, joder, piensa". Y la confirmación llego a mi mente de manos de la mejor dedicatoria que me han escrito hasta el día de hoy; "este libro pertenece a quien lo lea... siempre y cuando me lo devuelvan", escribiste un día, y esa fue la luz que me hizo darme cuenta que si, que estaba leído pero a la vez me encendió la luz que me obliga a una relectura. Y para colmo, me acabo de enterar de la reciente muerte de Salinger. Y esto que voy a decir ni mucho menos se debe a que me alegre de su muerte, pero para el mundo literario y mis ansias de narrativa es lo mejor que podía haber pasado, ya que por lo visto el buen señor (amante de los fotógrafos por otro lado) lleva escribiendo toda su vida, pero se ha negado a publicar. Así que, con la afición que tenemos en nuestra cultura de exaltar a los muertos por el sencillo hecho de estar muertos, es probable que se empiecen a recuperar las joyitas que tendrá ocultas por sus cajones. Lo cual me alegra sobremanera.
Me dispongo a abandonar mis aposentos, mas algo me impide dejar aquí esta entrada.
Me grito, pero no me respondo. ¿Que se estará quedando en el tintero?
Me levanto con la respuesta en los dedos.
Un brillante silencio es todo cuanto faltaba.
Eso es algo a lo que me he adaptado y asimilado por el bien común. Ahora he decidido volcar todos mis esfuerzos en abrir libros ya leídos por una página al azar y tratar de situarme y adivinar por donde vamos de la historia y que va a pasar. Los resultados son sorprendentes. Con “Rojo y negro” fue muy agradable. Inmediatamente situé el amorío en el que en ese momento se hallaba inmerso Julián Sorel, de cual venia y cual le mataría. Con “El guardián entre el centeno” llegó el susto. “¿He leído este libro?” estuve pensando con todo mi mundo tambaleándose por la duda. "Piensa, joder, piensa". Y la confirmación llego a mi mente de manos de la mejor dedicatoria que me han escrito hasta el día de hoy; "este libro pertenece a quien lo lea... siempre y cuando me lo devuelvan", escribiste un día, y esa fue la luz que me hizo darme cuenta que si, que estaba leído pero a la vez me encendió la luz que me obliga a una relectura. Y para colmo, me acabo de enterar de la reciente muerte de Salinger. Y esto que voy a decir ni mucho menos se debe a que me alegre de su muerte, pero para el mundo literario y mis ansias de narrativa es lo mejor que podía haber pasado, ya que por lo visto el buen señor (amante de los fotógrafos por otro lado) lleva escribiendo toda su vida, pero se ha negado a publicar. Así que, con la afición que tenemos en nuestra cultura de exaltar a los muertos por el sencillo hecho de estar muertos, es probable que se empiecen a recuperar las joyitas que tendrá ocultas por sus cajones. Lo cual me alegra sobremanera.
Me dispongo a abandonar mis aposentos, mas algo me impide dejar aquí esta entrada.
Me grito, pero no me respondo. ¿Que se estará quedando en el tintero?
Me levanto con la respuesta en los dedos.
Un brillante silencio es todo cuanto faltaba.
1 Comments:
¡Buitre, que eres un buitre! Además, ¿y si resulta que todo lo que escribió durante estos años era una porquería? Si mezclas vino con vinagre, aunque te detengas a tiempo y no vacíes la vinagrera, ni siquiera el beber a morro lo que queda de vino va a borrar el regusto agrio. Hum... ¡optimistas!
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