Humo
Lucho por estudiar lo que debería, pero el tiempo se me escapa por unas rendijas que no consigo localizar. Me siento en una silla y por mi cabeza desfilan cientos y miles de películas, canciones o piezas teatrales fugaces a la par de inútiles, ya que ni siquiera dejan un rastro provechoso que luego me permita venir aquí y plasmar la obra del siglo. El tiempo se evapora y no logro retenerlo. Es como el humo en los pulmones, lo retienes un rato, pero al final... un tosido y te das cuenta que lo has perdido todo de golpe.
Pues así ha sido mí tarde. Empezó bien, un ajedrez con mi padre y luego a estudiar. Ese era el plan (muy bonito como todo plan. Infalible) Pero de repente la realidad se cruzo como un conejo ante los faros del coche y destrozo el plan (durante la escritura de esta entrada prometo que ningún conejo sufrió daños). El ajedrez si llego a convertirse en un fragmento de realidad, pero después de ahí, no se como, el rato del estudio se me escurrió entre los dedos y ¡puf!. Me han dado las 12:30 y aquí estoy. Y los libros cerraditos. Me ha recordado mucho a la típica noche loca en la que a las 12 miras el reloj, levantas la vista y lanzas al mundo tu gran proclama: "una cerveza y me piro" y cuando te quieres dar cuenta estas intentando razonar porque no puedes abrir el portal con la llave de tu casa. Pues eso.
Mañana va a ser un gran día. Prometo sellar mi culo a modo ventosa en la silla de la biblioteca que me acoja y no moverme de hay hasta que haya tenido por lo menos 4 de esas maravillosas conexiones neuronales que tienes mientras estudias filosofía. 4 maravillosos relámpagos en los que lo ves todo claro, para después pasarte un rato intentando recordar que era eso que tan claro acababas de ver.
Prometo gravarme esta frase a fuego en mi mente:
NO DES TIEMPO AL TIEMPO, ÉL NUNCA VA A DARTE UN RATO MÁS
Pues así ha sido mí tarde. Empezó bien, un ajedrez con mi padre y luego a estudiar. Ese era el plan (muy bonito como todo plan. Infalible) Pero de repente la realidad se cruzo como un conejo ante los faros del coche y destrozo el plan (durante la escritura de esta entrada prometo que ningún conejo sufrió daños). El ajedrez si llego a convertirse en un fragmento de realidad, pero después de ahí, no se como, el rato del estudio se me escurrió entre los dedos y ¡puf!. Me han dado las 12:30 y aquí estoy. Y los libros cerraditos. Me ha recordado mucho a la típica noche loca en la que a las 12 miras el reloj, levantas la vista y lanzas al mundo tu gran proclama: "una cerveza y me piro" y cuando te quieres dar cuenta estas intentando razonar porque no puedes abrir el portal con la llave de tu casa. Pues eso.
Mañana va a ser un gran día. Prometo sellar mi culo a modo ventosa en la silla de la biblioteca que me acoja y no moverme de hay hasta que haya tenido por lo menos 4 de esas maravillosas conexiones neuronales que tienes mientras estudias filosofía. 4 maravillosos relámpagos en los que lo ves todo claro, para después pasarte un rato intentando recordar que era eso que tan claro acababas de ver.
Prometo gravarme esta frase a fuego en mi mente:
NO DES TIEMPO AL TIEMPO, ÉL NUNCA VA A DARTE UN RATO MÁS
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